Su suegra se opone enérgicamente a su extravagancia, y así que la esposa tiene que recurrir a medios sutiles para conseguir un juego de pieles que le llama la cara. Ella pone las pieles bien, pero al intrigar para llevarlos a casa, juega su juego directamente en la mano de la mamma-en-ley. Contar más de la historia estropearía las sorpresas arrancadas en la comedia.
